
Tras el fracaso de las ofensivas de 1941, al no poder toma Moscu y no disponer de fuerzas para otra ofensiva de igual potencia, Hitler resolvió realizar ataques limitados en el sur cuando lo más sensato habría sido consolidar los territorios conquistados. El éxito de está nueva ofensiva limitada se vio comprometido desde el inicio por la división de las fuerzas alemanas para capturar dos objetivos: los campos petrolíferos del Cáucaso (Bakú) y la ciudad de Stalingrado.
Hiler se empecinó en tomar la ciudad que llevaba el nombre de su gran enemigo, en septiembre las fuerzas alemanas del Sexto ejército de von Paulus habían rodeado la ciudad, a excepción de los suministros y refuerzos que llegaban desde la otra orilla del Volga. Pero las órdenes de Chuikov, el defensor de Stalingrado eran claras: "Defender Stalingrado o morir en el intento".

Las tropas soviéticas de los ejércitos 62 y 64 resistieron en las zonas industriales de la ciudad y en la zona de las colinas Mamaev (Mamaev Kurgan), convirtiendo la batalla en un infierno en el que se luchaba casa por casa, estancia por estancia, una verdadera "Rattenkrieg". A pesar de las numerosas bajas resistieron hasta la contraofensiva soviética de la Operación Uranus (19-XI-42), cuando las fuerzas de Zhukov destrozaron los flancos protegidos por rumanos, envolviendo y cercando al Sexto Ejército y a la mitad del Cuarto Ejército Panzer.
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